viernes, 12 de agosto de 2011

Culpar... al río

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¡Qué pena no llevar cámara de fotos!, porque la instantánea era para no olvidar: En la margen derecha el edificio que alberga estos días la exposición sobre “El Ebro desbordado” con imágenes que advierten de la potencia esporádica del río, más textos que hablan en tono divulgativo de la falsa sensación de seguridad que producen, por ejemplo, las motas defensivas; y allí mismo, flotando en el agua y justo a su altura, una dragalina (máquina que se usa para sacar gravas del fondo de los cauces), gravas que ahora hay que extraer cada año allá donde nunca hizo falta hacerlo.

 

Pues ya que estamos en estas, sugiero que promulguen una ordenanza municipal (o algo así) prohibiendole al río volver a traer nunca jamás de los jamases más mega-avenidas de las suyas, así, la próxima vez que nos llegue a lo bestia, e inundando lo que se ha llenado últimamente de edificios, podrán decir que la culpa no ha sido de los políticos urbanizadores (en colaboración necesaria con técnicos firmones), sino ¡del propio río!

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