viernes, 12 de agosto de 2011

El paladar cantaba

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Pues señor por fin me pude reconciliar, tras un largo tiempo de cabreo permanente, con la fruta de hueso gracias a unos alberges (albaricoques) en su verdadero punto real de madurez comprados en la muestra agroecológica y de productos de proximidad de Zaragoza a sus propios productores directos ¿Pero todavía existe eso del alberge maduro sin trampas?, pues sí, pues sí... Y, oigan, ¡el paladar cantaba!.

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Claro que en la misma muestra compré también otra fruta de hueso (no diré cual) con la que me cagué otra vez en "tó lo que se movía", otro atraco, uno más, perpetrado contra las posibilidades de extraordinario aroma y sabor que, potencialmente, tiene la fruta de Aragón. Y luego venga a quejarnos de que la gente en general, con el segmento infantil (escolar) muy en particular, no comemos suficiente fruta