Andamos cortos

Nuestros alimentos actuales andan cortos de vitaminas y de minerales. Eso puede ser un problema.

jueves, 19 de abril de 2018

¿Te gusta que te engañen en lo que comes?


Nos engañan con las vitaminas en los alimentos

Tengo tres preguntas para ti:
- 1ª) ¿Alguna vez te has dicho que las frutas de hoy ya no saben como las de antes?
- 2ª) ¿Y crees que lo único que han perdido han sido, tan solo, los sabores y los aromas?
- 3ª) ¿Te parece una cosa "normal" que haya tanta gente tomando 2 ó 3 medicinas en el desayuno, otras 2 ó 3 para comer y unas cuantas más a la cena? 
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¿Como es que esto no lo sabe ya todo el mundo?

¿Te vas a arriesgar a las consecuencias?

Ahora (ya jubilado) puedo dar charlas donde me llaman, y comento desde la perspectiva de un Ingeniero Agrónomo de larguísima carrera profesional lo que nos está pasando con los cultivos y el por qué sucede todo esto.

O también podría ser tomando una cañita o un café, ¡por supuestísimo!
Juan Ramón Navarro 

martes, 26 de septiembre de 2017

Una trampa vergonzosa


Nos dan "Gato por Liebre" en los alimentos que solemos comprar, es un hecho cierto; hablando en general ni tienen hoy el mismo contenido en minerales que tenían hace tan solo 40 años, ni tampoco el mismo contenido en vitaminas, ni en antioxidantes, ni...

Ni por supuesto tampoco el mismo aroma ni los mismos sabores. ¿Por qué?

La razón técnica está en las consecuencias de la que se llamó "Revolución Verde", que trajo un aumento realmente espectacular en las producciones de los campos, pero a cambio (eso sí), supuso pérdidas de calidad en estos temas y en otros




¿De verdad se cree alguien que el tomate que está comprando lleva las vitaminas que llevaban los tomates que comieron sus padres o sus abuelos, y que nos convendría que llevaran todavía para el bienestar de nuestros cuerpazos serranos y sandungueros?.

¡Pues no!

En el enlace que está al lado, una de las conferencias sobre el tema lo explica un poco más, y, por supuesto, en las "Tertulias con un Jubilado" hablamos tranquilamente en plan distendido sobre esas cosas

Así que sí, doy charlas allá donde me llaman, y, más aún, hablo persona a persona con un cafelito o una caña

lunes, 8 de mayo de 2017

Fruta puaaaggg, y diabetes

"Carta al Director" publicada:


En términos objetivos los números cantan: la diabetes es ya un negocio mega-millonario que genera una necesidad, de por vida, de facturar fármacos, agujas… Y es que hasta que el cliente (uy perdón, el diabético) no fallezca, los comprará y  seguirá comprando, y esos son muchísimos millones, y la cifra va en un aumento espectacular; tan solo hay que ver la evolución de las diabetes tempranas en España relacionadas, a su vez, con la evolución de nuestras obesidades infantiles.

En esas condiciones ¿se actuará, de verdad, desde nuestros poderes públicos para reducir el consumo de un exceso de azúcares?. 
  


Claro que existen opciones y la primera tiene que ver con otro gran negocio, me refiero a esa fruta mala en aroma y sabor hasta más no poder, pero que se vende con el atractivo de un tamaño muy gordo y de una calificación oficial de alta calidad basada en la ausencia de “defectos comerciales” en sus brillantísimas pieles; una fruta “puuuuaaaggg” que el niño rechazará, por instinto, al margen de eslóganes en los colegios; y claro, si no se endulzan con una fruta apetitosa, se endulzarán con... ¿adivinan con qué?, lagarto-lagarto

viernes, 12 de agosto de 2011

Una cuestión de aroma

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Lo dice el Ministerio de Sanidad, más del 45 % de niños españoles entre 6 y 9 años come fatal, osea, que del rollo patatero aquel de que sobre esta piel de toro se practique una tal dieta mediterránea nada de nada, y, como consecuencia, obesidad galopante según los criterios de la OMS. Seguro que algún figura diseña ahora una campaña, con presupuestos públicos, para que se hagan llegar eslóganes a los chavales del tipo: come fruta y serás más guay, o le pegarás mejor a la pelota, o cualquier otra tontunada por el estilo, intentando adaptar al perfil del niño los mecanismos de publicidad destinados a los adultos.

¿Publicidad?, esto no es cosa de publicidad sino de calidad organoléptica (ya perdonarán el tecnicismo), cosa de poner buen aroma y sabor en la boca de esos niños. ¿Para cuando una coordinación Agricultura-Sanidad-Educación para conseguir ese buen sabor en lo que tanto decimos que pretendemos fomentar entre ellos?, porque ese es el huevo de colón del asunto.

Sobregastos sanitarios



¿Acochinadicos con la necesidad de reducir y reducir el gasto en farmacia?, a ver si me expreso bien, siento un gran respeto por la medicina, pero a la vez, observo como a fuerza de facilidad con las pastillicas se ha ninguneado socialmente durante años y más años la capacidad que tiene el autocuidado (cosas como el ejercicio sistemático y bien adaptado a las condiciones de cada cual, o el cuidado en la calidad de los alimentos que consumimos habitualmente, o…), para nuestro bienestar físico personal y, consiguientemente, para la reducción de ese gasto farmacéutico. Claro que, generalizando, tenemos acendrados hábitos alimenticios muy nocivos, y cambiarlos no será tarea de un día, pero algunos empiezan ya a intuir (aunque sea vagamente aun), que algunas enfermedades guardan relación con la falta de calidad en nuestros hábitos a la hora de llenar el carrito de la compra.

Ahorros fulleros

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Pues sí, pues sí, a fecha de hoy algunas de nuestras comunidades de regantes se encuentran en situación de alerta por la falta de lluvias y la consiguiente reducción de aportaciones de los ríos a los embalses, y claro, ante esto y por si alguien sale a la palestra diciendo que la falta de "modernización"· suficiente de los riegos es la verdadera causante de su problema, un aviso para navegantes:

Los sectores de riegos que han vivido las llamadas así "modernizaciones", pasan a necesitar frecuentemente más dotación de agua para acabar el total de las campañas, fíjense bien, más y no menos (o que les pregunten en Huesca). Y si quieren saber el por qué, sabios hay en centros de investigación como el de Montañana que se lo contarán, aunque tiene que ver con cambios obligados por razones económicas (para tratar de eludir ruinas caracoleras) en la elección de los cultivos, mayor evaporación en ciertas fases de estos, mayor consumo de agua por la propia planta, práctica eliminación de los retornos a los cauces…